Una de estas tecnologías que está incursionando en México es la Termovalorización. Este proceso no es nuevo, ya que países como Francia, Taiwán, España, China y Reino Unido han aprovechado sus bondades desde hace más de 30 años para hacer frente a los retos en materia de gestión de la basura.

Pero, ¿qué es y cómo funciona? La termovalorización transforma la basura inorgánica que ya no se puede reciclar en energía, a través de un proceso sofisticado y favorable para el ambiente, haciendo eficiente el manejo de la basura al convertirla en un recurso aprovechable.

Esencialmente se basa en tres etapas: la abrasión, fase en la que los residuos se carbonizan a 850°C durante al menos dos segundos; conversión a electricidad, la cual se genera al pasar el vapor por una turbina; y finalmente la distribución de la electricidad producida.

A diferencia de la incineración, la termovalorización, o como se le conoce en inglés Waste to Energy, consiste en un proceso de alimentación continua de residuos inorgánicos, con combustión controlada, recuperación de energía y muy bajo nivel de emisiones. Para evitar la liberación de sustancias tóxicas, una de las fases del tratamiento de los residuos en la termovalorización consiste en el lavado y filtración de los gases producidos, de esta manera se impide que dioxinas o furanos – compuestos aromáticos tóxicos – se emitan al ambiente.

Es importante destacar que, a pesar de involucrar un proceso de combustión, el Instituto de Medicina Preventiva de la Universidad de Lisboa ha demostrado que la termovalorización no impacta negativamente a la salud. Tras analizar el impacto del proceso en los residentes cercanos a una planta de este tipo, no se encontraron alteraciones en análisis de sangre ni presencia de dioxinas.

De igual manera, el Comité de Cancerología del Reino Unido ha descartado la relación de la aplicación de esta tecnología con casos de cáncer, al reportar que “cualquier riesgo potencial de cáncer debido a la proximidad de las personas con las plantas de termovalorización de residuos sólidos municipales es demasiado bajo y probablemente no puede medirse ni con la más moderna técnica epidemiológica”.

De las casi 2,000 plantas de termovalorización que existen alrededor del mundo, 507 se encuentran en Europa, la mayoría de ellas ubicadas en el centro de las ciudades. Tal es el caso de la planta Maresme en Barcelona, España, la cual aprovecha el proceso para abastecer la red de calefacción de uno de los principales hospitales de la ciudad, además de brindar servicio a 28 municipios de la comarca del Maresme, beneficiando a unos 470 mil habitantes.

Este innovador proceso que llegará a nuestro país, brindará beneficios ya que generará energía a partir del aprovechamiento de los desechos, gracias a la aplicación de una tecnología favorable para el medio ambiente a la par que contribuye al uso eficiente del gasto presupuestal destinado a la disposición de residuos. Es importante destacar que dicha tecnología contribuye a reducir las emisiones de CO2, dota a las ciudades de autonomía en la gestión de la basura y ayuda a reintegrarla como recurso al ciclo productivo.

Colocarse a la vanguardia requiere incorporar procesos, por lo que es necesario implementar tecnologías que además de eficiencia económica generen beneficios para el planeta y todos los que lo habitamos, como la Termovalorización que ya es una solución real al problema de la basura en muchos otros países del mundo.

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